Por los doctores Luke Moonstone y Günther Goethe, de la Orden de los Metaviajeros
El Sr. Secretario General de la ONU ha solicitado que formulemos para el público general –y evitando términos científicos– un breve resumen de las principales características de las razas con las que hemos hecho contacto en las islas popularmente conocidas como “Tierras Mágicas” que han sido relocalizadas en nuestro planeta como fruto de la Caída de la Barrera.
Haremos, entonces, nuestro mejor esfuerzo para cumplir con esta tarea, tratando de ser lo más breves y claros que sea posible.
La llamada “Literatura fantástica” y las antiguas leyendas presentan varios ejemplos de razas conocidas genéricamente como “elfos”, aunque no siempre con las mismas características: En los antiguos Edda nórdicos los elfos son más parecidos a los humanos, de gran hermosura –y esta fue la base que tomó J.R.R. Tolkien en su famosa obra– mientras que las leyendas célticas los presentan cercanos a los duendes y no siempre bellos, como los “elfos domésticos” de Harry Potter o la elfa Holly Short de la saga de Artemis Fowl, por citar dos casos.
Aunque, como se advirtió a simple vista, estas descripciones no se ajustan del todo a los nuevos (y también viejos) habitantes de nuestra Tierra con los que nos ha reunido esta nueva era.
Los eledi –como se llaman a sí mismos en sus propios y poéticos idiomas, los eledren– son, efectivamente, una raza humanoide que ha evolucionado a veces en formas similares y en otras muy distintas al homo sapiens.
Son altamente longevos –su expectativa de vida se mide en milenios– y envejecen a un ritmo un tanto desparejo, más rápido en sus etapa inicial y más lento cuantos más años tengan. Es sumamente raro ver a un eled con aspecto de anciano, aunque varios sabios maestros lo han alcanzado. Como tienen la capacidad que llaman “de dejarse ir”, pueden poner fin a su vida en forma voluntaria y natural, como entrando en un sueño. El cuándo dependerá de muchos factores, como el tipo de vida, su carácter, etc. También pueden morir por accidentes, asesinatos y otras causas similares, aunque de hecho son tan buenos guerreros que es bastante difícil matar a un elfo.
Su fuerza, reflejos, agilidad y habilidades son superiores a las humanas, así como su capacidad de recuperación ante heridas. Tienen sentidos más aguzados y no desarrollan grasa corporal excesiva, lo que contribuye –junto a su piel, de menor vellosidad pero más elástica y sin tendencia a imperfecciones– a fomentar la leyenda de su “esbeltez y belleza”, aunque hemos visto rostros poco agraciados.
Su carácter es sereno, de tipo “filosófico”, aunque sus sentimientos y pasiones son muy profundos y también pueden sucumbir a la locura, los vicios, etc. como cualquier raza inteligente. Son amantes de las ciencias y las artes, poseyendo desde pequeños una rica vida interior unida a habilidades innatas para la pintura, escultura, música y literatura, en especial poesía. Esto no significa que sean “perfectos”. Como entre los humanos, algunos tienden a la soberbia, la ambición, el hedonismo y otros descontroles.
Al igual que los humanos, son omnívoros, es decir que su dieta incluye productos animales y vegetales. No son inmunes a las enfermedades, aunque su sistema inmunológico es excelente y su ciencia ha avanzado a un punto de extrema eficacia.
Y, junto con la medicina, también lo hicieron en otros campos: Sus creaciones técnicas son modelos de eficiencia, energía renovable y convivencia armoniosa con su entorno: Uso de recursos sin depredación, fusión con el entorno natural y cero contaminación. Sus construcciones son a la vez prácticas, útiles y artísticas, desde una pequeña vivienda a un palacio. Gustan de la decoración interior y exterior, las líneas serenas, la ventilación y luz natural de ser posible, aunque su iluminación artificial no se diferencia mucho de esta.
Sus pueblos no manejan moneda ni economía como tal, ya que siguen la idea del “bien común” en una forma particular que pone los recursos a disposición de todos. Son una sociedad igualitaria, en el sentido de que cada miembro vive según su gusto y esfuerzo. Aunque por necesidad organizativa tienen una “nobleza” y “reyes”, esto no implica división en clases sociales, solo en tareas. Los eledi no conciben que quien sirve la mesa de un gobernante sea más o menos que el gobernante servido: Es una mera separación de funciones. Esto los transforma en una sociedad respetuosa de todos, extremadamente amable y bien dispuesta, en la que se protege a los más desvalidos, se fomenta el crecimiento de los niños en todo sentido y se honra a quienes lo merecen por su mérito y/o sabiduría, sin caer en obsecuencias.
Por supuesto, esta regla general no se cumple siempre y los recientes acontecimientos nos demuestran que entre “la bella raza” también se pueden encontrar equivalentes de los peores ejemplos que conocemos de nuestra propia historia.
Más allá de estos rasgos comunes, los eledi se han separado en cuatro razas, de forma similar a los humanos: Guerras, migraciones, adaptación a nuevos entornos y formación de una cultura a veces atada a necesidades han dado características únicas a cada una:
- Baneledi: Habitantes de las tierras más frías cercanas a la Europa del norte y el ártico, esta raza de piel blanca es la que más recuerda a los retratados por el maestro Tolkien.
- Numeledi: De tez cobriza y cercanos a Sudamérica, estos nobles guerreros han influido en –y sido influidos por– las antiguas razas de este continente en cuanto a lengua y tradición.
- Moreledi: Los altos y oscuros guerreros cercanos a África se adaptaron para vivir en climas ecuatoriales.
- Kaieledi: Los “elfos del mar”, como los llaman, son los mejores navegantes y exploradores. Habiendo desarrollado justamente sus habilidades atadas al océano, en la antigüedad han tenido algunos puntos de contacto con culturas como la samoana.
Con su formidable capacidad de adaptación al entorno, cada raza ha avanzado en una forma distinta, aunque cercana a las de sus hermanas. Todas son monarquías –la forma de gobierno que mejor sienta a su carácter y modo de vida– y, según hemos podido comprobar, las islas “aparecidas” –nos resistimos a esta palabra, prefiriendo “resituadas”– en la increíble jornada del 17 de Junio representan solo una fracción de sus territorios totales. El resto –junto a la mitad del reino enano, según nos han dicho– permanece en un mundo transdimensional que ellos llaman genéricamente Eh’ulish’khavvetn, expresión que no tiene traducción exacta. También lo llaman “el mundo más allá” o “el otro mundo”. Más de dos tercios de cada reino han quedado separados en dicha dimensión, y actualmente los esfuerzos científicos y mágicos de enanos y elfos se centran en tratar de lograr una comunicación con estas partes de sus reinos, de las que han quedado aislados. Muchos suponen que esto es también consecuencia de la propia Caída de la Barrera, pero todavía no arriesgan conclusiones definitivas.
En tanto, la humanidad deberá aprender a convivir con esta y otras razas antes llamadas “fantásticas” y que ahora forman parte de nuestro mundo. Pese a los inconvenientes iniciales, tenemos fe en que las manos tendidas de una y otra parte propicien el pronto establecimiento de acuerdos… Y que podamos disfrutar, en nuestra vida diaria, de todo lo que nuestros nuevos vecinos tienen para enseñarnos.


