Crónicas

LOS ALCANCES DE LA MAGIA

Una pequeña aventura de la Maga Azul

Adrianne Dumas contempló por enésima vez el viejo libro que tenía abierto al medio entre las piernas y resopló con hastío.
Se había encerrado en su habitación del hotel para aprovechar la tranquilidad de la noche y concentrarse en el estudio de la pequeña biblioteca que Ambrose Myrddem le había regalado tras su entrenamiento inicial, pero los nervios le seguían jugando malas pasadas durante las prácticas.
Sabía que era una buena maga. Si así no fuese ni ella ni sus amigos estarían vivos en ese momento, tras todas las batallas que habían peleado. Es cierto, les quedaban muchas por delante y, como decía Eduardo, “ni siquiera habían llegado al nudo de la historia” pero no podía negar su poder. El Consejo de los Magos la había reconocido gracias a Sarakuche y, aunque el viejo no quisiera soltar prenda, sabía que eso significaba “algo”.
Por eso cada noche seguía estudiando y practicando, tratando de afinar sus habilidades… Tal vez el futuro dependiera de eso aunque aún no supiera cómo. Y, hablando del futuro…
Los últimos capítulos de aquel grimorio hablaban justamente de las mancias, los métodos de adivinación. Había cientos, tal vez miles. Algunos usaban elementos que ni siquiera se le hubieran ocurrido. Pero el manual recalcaba que, en el fondo, ninguno de ellos era completamente fiable. La conclusión final era que, al igual que en la física cuántica, el hecho de “observar” generaba un cambio en lo observado.
Y, sin embargo, la tentación era grande. Aunque podía afirmar con seguridad que no le interesaba hacerse rica adivinando los números de la lotería, el diablito sentado en su hombro izquierdo no dejaba de susurrar que tal vez hubiera ciertas ventajas en conocer el futuro… Como saber, por ejemplo, si iban a salir vivos de esa.
–Tal vez un pequeño vistazo… –se dijo mientras tomaba el báculo y se acomodaba mejor en la posición de loto, sentada sobre la cama.
Recitó el conjuro tal como aparecía en el libro y contempló con satisfacción cómo se formaba a su alrededor el pentagrama luminoso. Cuando terminó sintió que se despegaba del lecho flotando y a su alrededor todo se volvió borroso, como si la rodeara una especie de burbuja traslúcida de tonos entre azulados y violáceos. Era hermosa… Pero no debía desconcentrarse.
–Ahora, veamos. Tal vez solo unos meses más adelante…
–¡Alto, ma petite! ¿Dónde crees que vas?
La voz la paralizó en medio del primer pase. Era de mujer, no del todo desconocida pero sí bastante cascada, como de alguien muy viejo. La burbuja a su alrededor se amplió y otra figura apareció frente a la francesa, flotando en posición de loto exactamente como ella.
–Repito… ¿Dónde crees que vas, novata?
Ahora la veía claramente: Era efectivamente una anciana de raza humana con largo cabello gris correctamente peinado en bucles y anteojos de carey azules, que vestía túnica del mismo color y sostenía en las manos un báculo… Exactamente igual al suyo.
–Diablos, ya casi no recordaba haber sido tan joven… –dijo la anciana con un sonoro bufido y acomodándose –Y mis huesos no son lo que eran. Esto es incómodo.
Adrianne la contempló boquiabierta. No podía ni siquiera comenzar a adivinar su edad, pero debían ser muchos años… Sin embargo no podía engañarse con sus ojos ni con sus rasgos generales.
–Tu eres… ¡Eres yo!
–Caramba, hubiera jurado que tardé mucho más en darme cuenta. Sí, yo soy tú y tú eres yo, aunque no pienso decirte cuánto tiempo ha pasado desde la Caída de la Barrera.  Una dama no revela su edad, ni siquiera a sí misma.
–Pero… ¿Pero qué haces aquí?
–La expresión correcta sería “qué haces ahora”. Estamos en el mismo sitio, aunque solo nos separan los velos del tiempo. Y vengo a detenerte antes de que hagas algo de lo que podrías arrepentirte más adelante.
–No lo entiendo… ¿Ya he creado una paradoja? –Adrianne se veía genuinamente desconcertada.
–La paradoja es parte de la historia, tonta… –La vieja Adrianne volvió a bufar con hastío –Con mil demonios, acabas de recordarme por qué debía recordar venir a advertirte que no lo hicieras. Pero, como esta es una lección que necesitamos aprender aquí y ahora, es mejor que me escuches con cuidado. Este es un diálogo que no se repetirá.
Très bien, très bien… Supongo que, si es algo tan importante que mi yo futuro viene a hablar conmigo, debería prestarme atención.
–Y más te vale, jovencita. Porque todavía no tienes el poder para hacer lo que intentabas hacer y no quiero que el universo colapse a nuestro alrededor. ¿Qué diantres planeabas, pequeña aprendiz de hechicera?
Era el turno de la joven Adrianne de resoplar, bastante nerviosa.
–Si tú eres yo, ya debes saberlo… ¿O voy a ser víctima del Alzheimer?
–¡Más respeto por ti misma!¡Nom de Dieu, con razón Eduardo se la pasó tanto tiempo diciéndome que refrenara un poco la lengua!
La anciana pensó un momento y después lanzó una maldición en voz baja.
–Disculpa, debo recordarme no meter la pata a cada frase. Complace a una anciana y dime qué intentamos hacer esta noche.
D’accord… Intentaba “echar un pequeño vistazo”, tener algún atisbo de qué nos depara el futuro y tal vez hallar una clave que nos ayude a acabar esto con el menor prejuicio posible.
–Bien. Y, en lugar de eso, terminaste conmigo apareciendo ante ti. ¿Se te ocurre por qué?
–Hum… ¿Porqué metí la pata?
–Estuviste a punto de hacerlo, es cierto. Pero hoy vi en mi biblioteca el grimorio que tienes entre las piernas y supe que había llegado el momento de advertirme. No preguntes cómo ni cuándo, lo sabrás en su momento.
–Supongo que debo creer en tu palabra, que al fin y al cabo es la mía.
–Claro que sí, eso no ha cambiado con el tiempo. Ahora, escúchame, porque estoy a punto de decirte algo que Ambrose no te dijo a tiempo: La primera lección que debe aprender un mago es justamente el límite de la magia. No estoy hablando de límites a lo que puedes hacer, sino a saber cuándo dejar de hacerlo.
–Oh…
–Veo que me entendiste. La magia no tiene límites y con los años verás que nuestro poder va creciendo, ampliándose y fortaleciéndose. Que no te queden dudas. Pero, junto con el poder, también crece la sabiduría… Y créeme, el costo no es nada despreciable. Ni agradable, por momentos.
–Temía que fueras a decir eso.
–Y temes bien, pero es todo lo que puedo revelar al respecto –suspiró –. Te entiendo, recuerdo bien esos días y cómo me sentía. Pero también aprendí que tenía razón cuando comparé las mancias con el dilema del gato de Schrödinger: Al igual que un sistema cuántico permanece en superposición hasta que interactúa con el mundo externo o es observado por él, el futuro no está determinado hasta que lo observas.
–¿O sea que si veo un futuro donde muero…?
–Podrías, efectivamente, morir en ese futuro. Muy pocos son capaces de internarse en los infinitos vericuetos del tiempo sin alterar drásticamente su historia por el mero hecho de observarla. Sin comprometerme puedo decirte que un futuro miembro de la Orden será un verdadero experto en eso y pasarás mucho tiempo estudiando con él.
–Bueno, si me hablas de futuros miembros de la Orden y viendo tu edad, al menos eso responde en parte mi pregunta… Hay una salida de esto.
–Siempre hay una salida, siempre la hubo: La salida está escrita en el mismo tejido del Universo, en la lucha de la vida por seguir adelante. Pero no voy a decirte cual es ni quiénes o cómo llegan a esa salida. Deberás aprenderlo por la vía difícil… y el resto de la Orden contigo.
–Y, sin embargo, me diste esperanza…
–La esperanza siempre nos acompaña, novata. Desde ese día en el que por primera vez nos encontramos los nueve en persona y decidimos decir “sí” a la propuesta de Ambrose y todavía desde antes. La esperanza es parte de nosotros y de esta Orden desde el principio. Nunca lo olvides, es una de nuestras fortalezas. Y no diré más.
Merci… Creo que me conformaré con eso, entonces. Pero no puedo evitar preguntarte… ¿Entonces habrá “nuevos miembros” de la Orden?
La anciana Adrianne contempló la mirada ansiosa de su versión joven y no pudo evitar esbozar una sonrisa. Reflexionó un instante y luego asintió.
–Como te dije, la esperanza es una de nuestras grandes armas. Por eso sé que no cambio nada al decirte esto, aunque te pediré que te lo guardes. Sí, la Orden verá nuevas encarnaciones en el futuro. Todavía tenemos muchas crónicas por escribir, mucho por vivir, por celebrar y también por lamentar. Algunos serán nuestros descendientes, otros vendrán con el tiempo y las incidencias de la vida. El mundo ha cambiado, la Orden está en medio de ese cambio y tendrá mucho que decir en los años venideros. No siempre con un arma en la mano, para ser precisos, aunque no puedo negar que algunas aventuras fueron… interesantes. Pero no pienso hablar más, ni privarte del placer de descubrirlo por ti misma. Ya he hecho lo que venía a hacer.
–En ese caso supongo que debo darte las gracias… Y felicitarme. Por lo visto, he aprendido “el truco”.
–¿El de Ambrose de hablar sin decir e iluminar el camino sin señalarlo? Por supuesto, tonta… Tendrás muchos años para perfeccionarlo. Solo comienza a practicar y deja que el tiempo haga el resto.
La anciana le guiñó un ojo y sonrió nuevamente, agitando el báculo.
–Yo cerraré el hechizo por las dos. Me será más fácil y tú ya estás lo bastante cansada. Así que vete a dormir, no vuelvas a intentar ver el futuro… Y por favor, ten cuidado con los carbohidratos. A veces cuesta un poco mantener la figura.
Un brillante destello azul cegó a la Maga… Y al recuperar la vista se encontró de nuevo sentada en su cama del hotel, con el libro sobre las piernas cruzadas y la sensación de que había estado corriendo una maratón. Le dolían los huesos, las rodillas le crujieron cuando se estiró para levantarse y tuvo que esperar un momento para ponerse de pie. El cansancio era increíble.
–De modo que es cierto, la magia tiene más límites de los que pensaba… –murmuró mientras dejaba el libro en la pequeña valija que contenía otros y el báculo contra la pared, cerca de la cabecera del lecho –Eh bien, Ambrose me lo insinuó y acabo de oírlo de mis propios labios, así que tendré que aprender a vivir con eso.
Instantes después, ya vestida con su pijama de seda y a punto de acostarse, lanzó un último vistazo al báculo y sonrió con picardía.
–Pero a nadie le hace mal que le renueven la esperanza de cuando en cuándo…
Se envolvió entre las sábanas y apagó la luz con un simple agitar de su mano.

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Néstor E. Catalogna

Más de medio siglo como fan de la Fantasía, la Ciencia Ficción, el comic y sobre todo de LOS LIBROS. Primer Metaviajero, fabricante de varitas y creador de Universos.

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